Se efectuara este domingo Asamblea Provincial IX Congreso de los CDR en la Habana.

Inspirados en el legado inmortal del fundador de la organización el Comandante en Jefe Fidel Castro  Ruz, los Comités de  Defensa de la Revolución (CDR) en la Habana  efectuaran este domingo la Asamblea Provincial IX Congreso que tendrá por sede el teatro del Ministerio de Energía y Minas.

A la cita asistirán  250 delegados  quienes debatirán como mejorar el quehacer de la mayor organización cederista a las puertas de su congreso previsto a celebrarse los días 26 ,27y 28 de septiembre venidero en el Palacio de Convenciones de la Habana.

Durante la Asamblea cederista se dará a conocer  la nueva Dirección Provincial de los CDR, y la delegación capitalina al magno  evento de los cederistas del país.

Vladimir Sauri Bermúdez, coordinador provincial de los CDR en la capital aseguro que con la realización de la Asamblea Provincial  la Habana  concluye  la sexta  etapa del  proceso orgánico que ha estado realizando la organización cederista en los 15 municipios habaneros.

Presidente de la India rinde honores al Comandante en Jefe Fidel Castro

 

  Texto y Fotos: Sergio Martínez Martínez Radio Rebelde

Santiago de Cuba. El Presidente de la India, Ram Nath Kovind, inició su visita oficial de dos días a la Isla por Santiago de Cuba, rindiendo honores al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, ante el monolito que resguarda sus cenizas en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia.

Sentidas palabras para nuestro líder histórico dejaba escritas el mandatario indio en el libro de visitantes del campo santo santiaguero, luego de apreciar la solemne ceremonia de cambio de guardia.

´´El Presidente Fidel Castro será siempre recordado como una gran líder revolucionario, hizo una gran contribución a la nación cubana, jugó un papel importante en la política y en el desarrollo del Movimiento de los Países No Alineados y de sus pueblos”, reflejaba el dignatario de la India.

Presidente de la India honra al Comandante en Jefe Fidel Castro

“Dio una gran fortaleza al progreso de los pueblos y fue una gran voz en el orden global, además fue un gran amigo de la India, país que visitó en 1973 y en 1983, en su vida ejemplificó fortaleza, convicción y coraje, valores que están hoy guardados en su simple y poderoso memorial. Descanse en Paz Comandante.´´

Primer Vicepresidente cubano rinde honores a Fidel Castro

El Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, estuvo también en el recorrido del Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros Salvador Valdés Mesa, oportunidad en que rindió honores al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, ante el monolito que atesora sus cenizas en el campo santo de la ciudad heroica.

Inauguran en Ecuador cátedra en honor a Fidel Castro

Quito, 15 jun (RHC) La Academia Nacional de Historia de Ecuador fue el lugar escogido para la inauguración de la cátedra Fidel Castro, dirigida a promover y difundir el ideario y legado del Líder Histórico de la Revolución Cubana, así como su visión de integración latinoamericana e internacionalismo.
Al acto inaugural asistieron intelectuales, miembros del Partido Comunista de Ecuador, la Coordinadora de Solidaridad y Amistad con Cuba, y representantes de la embajada de La Habana en Quito, entre otros.
El panel Fidel y Che, Internacionalismo y Salud, que constituyó un espacio para reflexionar sobre el legado histórico de ambos luchadores por la justicia y el bienestar de los más desposeídos del mundo, fue la actividad que dio inicio a la cátedra.
La apertura, coincidió con el programa conmemorativo por el aniversario  del natalicio de Ernesto Che Guevara, y el del general cubano del ejército mambí Antonio Maceo. (Fuente: RReloj).
Quito, 15 jun (RHC) La Academia Nacional de Historia de Ecuador fue el lugar escogido para la inauguración de la cátedra Fidel Castro, dirigida a promover y difundir el ideario y legado del Líder Histórico de la Revolución Cubana, así como su visión de integración latinoamericana e internacionalismo.
Al acto inaugural asistieron intelectuales, miembros del Partido Comunista de Ecuador, la Coordinadora de Solidaridad y Amistad con Cuba, y representantes de la embajada de La Habana en Quito, entre otros.
El panel Fidel y Che, Internacionalismo y Salud, que constituyó un espacio para reflexionar sobre el legado histórico de ambos luchadores por la justicia y el bienestar de los más desposeídos del mundo, fue la actividad que dio inicio a la cátedra.
La apertura, coincidió con el programa conmemorativo por el aniversario  del natalicio de Ernesto Che Guevara, y el del general cubano del ejército mambí Antonio Maceo. (Fuente: RReloj).

Líder Histórico de la Revolución Cubana,Fidel Castro.Foto:Archivo.

Fidel y Raúl nunca defraudaron la confianza de su padre

Por: Equipo Editorial Fidel Soldado de las Ideas

Don Ángel Castro Argiz, en su oficina-comedor, 1956. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

El libro “Ángel, la raíz gallega de Fidel” escrito por Katiuska Blanco Castiñeira es una historia inspirada en la vida del padre de Fidel y Raúl Castro Ruz.

Ángel Castro Argiz fue uno de los tantos gallegos que dejó atrás la Galicia profunda para buscar fortuna más allá del mar. En su camino, Ángel nunca imaginó que de su propia casa saldría la fuerza para cambiar la suerte de Cuba, la isla que siempre trazó su destino.

Cubadebate y el sitio Fidel Soldado de las Ideas en ocasión del Día de los Padres comparte con sus lectores fragmentos del libro donde se muestra el cariño y la admiración que los hermanos Castro sentían por su padre.

En el mismo se refleja cómo Fidel fue formando su pensamiento sobre la crítica situación económica, política y social en que vivía el país antes del triunfo de la Revolución:

“Todo lo que Fidel definía como urgencias económicas del país lo había aprendido en sus largas conversaciones con los trabajadores del batey y con don Ángel, con quien intercambiaba opiniones sobre los asuntos económicos de la finca y de Cuba. Sus vehemencias justicieras tenían raíz en lo vivido”.

A pesar del riesgo que correría en las acciones revolucionarias, sus padres nunca dejaron de apoyar a los hermanos Castro en sus ideales de justicia:

“Fidel presentía en su padre una intuición, pero don Ángel no le dijo nada, como quien valora inestimable y vital el silencio. Fidel nunca intentó convencer a sus padres de sus ideas políticas, su lucha les causaría grandes sufrimientos, pero confiaba en la sensibilidad fuerte de Lina y en la capacidad de don Ángel para apreciar los hechos políticos, los acontecimientos históricos en la vida de un país. Con esa convicción se despidió de ellos sin mirar atrás y sin saber que aquel sería su último encuentro con el viejo”.

(…)

“Don Ángel los apoyaba. Estaba preocupado, intranquilo, pensando que las dificultades para sus hijos eran muy grandes y que tal vez morirían, pero aún así estaba de acuerdo con su lucha”.

En todo momento estuvo de manifiesto el amor entre padre e hijo:

“Fidel sabía que sus padres se inquietaban por ellos. La preocupación les nublaba la tranquilidad y les quitaba el sueño. Los viejos tenían la niebla del mar en el pensamiento y su ánimo solo cambiaría con el regreso de los hijos. Por eso, Fidel valoraba aún más el apoyo de sus padres, su cariño incondicional, su entereza y respeto”.

Don Ángel siempre confió en que Fidel regresaría desde México para lograr la definitiva victoria:

“En la casa no existía duda de que Fidel regresaría a Cuba ese año. Lo conocían demasiado bien. El viejo pasaba el tiempo pendiente de la noticia, del regreso, como en la historia de la Biblia, en que el padre iba todas las tardes a un alto y aguardaba ansioso el retorno del hijo pródigo, aquella parábola poética del Antiguo Testamento, que tanto había impresionado a Fidel de niño”.

Las cartas escritas por Fidel fueron leídas en innumerables ocasiones por su padre:

“Don Ángel sacó de una cajita de madera los papeles conservados como reliquia en el velador, junto a la cama. Releyó las cartas de sus hijos, escritas mientras esperaban el juicio o después, cuando ya estaban recluidos en el Presidio Modelo, en la Isla de Pinos. Fue repasándolas con la vista y con las manos, una por una, en un gesto de cariño”:

Prisión de Oriente
Septiembre 23 de 1953

Sr. Ángel Castro
y Sra. Lina Ruz.
Birán

Mis queridos padres:

Espero me perdonen la tardanza en escribirles, no piensen que es por olvido o falta de cariño; he pensado mucho en ustedes y sólo me preocupa que estén bien y que no sufran sin razón por nosotros.

El juicio comenzó hace dos días; va muy bien y estoy satisfecho de su desarrollo. Desde luego es inevitable que nos sancionen, pero yo debo ser cívico y sacar libre a todas las personas inocentes; en definitiva no son os jueces los que juzgan a los hombres, sino la Historia y el fallo de ésta será sin duda favorable a nosotros.

He asumido como abogado mi propia defensa y pienso desenvolverla con toda dignidad.

Quiero por encima de todo que no se hagan la idea de que la prisión es un lugar feo para nosotros, no lo es nunca cuando se está en ella por defender una causa justa e interpretar el legítimo sentimiento de la nación. Todos los grandes cubanos han padecido lo mismo que estamos padeciendo nosotros ahora.

Quien sufre por ella y cumple con su deber, encuentra siempre en el espíritu fuerza sobrada para contemplar con serenidad y calma las batidas adversas del destino; éste no se expresa en un sólo día y cuando nos trae en el presente horas de amargura, es porque nos reserva para el futuro sus mejores dones.

Tengo la más completa seguridad de que sabrán comprenderme y tendrán presente siempre que en la tranquilidad y conformidad de ustedes está siempre también nuestro mejor consuelo.

No se molesten por nosotros, no hagan gastos ni derrochen energías. Se nos trata bien, no necesitamos nada.

En lo adelante les escribiré con frecuencia para que sepan de nosotros y no sufran.

Los quiere y les recuerda mucho: su hijo

Fidel.

Fidel y Raúl nunca defraudaron la confianza de sus padres, Lina Ruz y Don Ángel Castro vivieron siempre orgullosos de sus hijos y sus convicciones de lucha contra las injusticias.

Para conocer más sobre el ideario del líder de la Revolución cubana visite nuestro sitio Fidel Soldado de las Ideas. Síganos en Facebook y Twitter.

#Cuba Cuando las calles se visten de Revolución (+ Fotos)

 

Aún no amanece y ya se oyen mil murmullos. La gente conversa, ríe, camina apurada hacia el punto de encuentro con esa otra familia amorosa que se construye en cada centro de trabajo.

Cuando empieza la marcha, no hay alegría más sincera que la de los pasos que estremecen la calle y la de las voces que se unen en un coro vibrante, de emociones sinceras.

Y es por Cuba que se camina el primer día de mayo. Cada año hay motivaciones especiales para unirnos más, para contarle al mundo de nuestras esperanzas y resoluciones, para ratificar que con los pasos en plazas y avenidas hacemos historia, la del compromiso y la rebeldía.

Tierra de artífices que han obrado con sus manos la materialización de la utopía, esta Isla tiene un sólido patrimonio inmaterial de celebraciones por el Día Internacional de los Trabajadores. Desde su archivo, Granma ofrece a sus lectores el testimonio gráfico de ese devenir

La dirección de la Revolución presente en los desfiles del 1ro.de Mayo. Foto: Archivo
Las mujeres siempre han estado presentes. Desfile de 1960. Foto: Archivo
La consigna de Patria o Muerte enarbolada por el pueblo en el año 1960. Foto: Archivo
La bandera cubana, la más bella que existe. Foto: Archivo
Fidel, en el acto en la Plaza de la Revolución del año 2000, dio a conocer el concepto de Revolución que nos dejó como legado. Foto: Liborio Noval
Raúl y Díaz-Canel en el desfile del 1ro.ide mayo del 2016. Foto: Juvenal Balán
Milicianos desfilando por la Plaza de la Revolución en 1960. Foto: Archivo
La enseña nacional siempre ha impregnado belleza al desfile. Foto: Archivo
En 1959 los campesinos se fundieron con su pueblo. Foto: Archivo

Enseñarnos a sucederle con dignidad es el mayor legado de Fidel

Para los revolucionarios de hoy está el reto de mantener el legado de Fidel.
Para los revolucionarios de hoy está el reto de mantener el legado de Fidel. Foto: Vicente Brito

«Ellos están esperando un fenómeno natural y absolutamente lógico, que es el fallecimiento de alguien. En este caso me han hecho el considerable honor de pensar en mí. Será una confesión de lo que no han podido hacer durante mucho tiempo. Si yo fuera un vanidoso, podía estar orgulloso de que aquellos tipejos digan que tienen que esperar a que yo muera, y ese es el momento».

Así alertaba Fidel, aquel 17 de noviembre del 2005, en el histórico discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, con motivo del aniversario 60 de su primer encuentro con el Alma Mater. Muchas veces había dirigido sus palabras a la juventud, pero quizá nunca antes abordó con detenimiento dos realidades que de forma inevitable tocaron el corazón de todo el pueblo. La primera: que por ley irrevocable de la vida algún día dejaría de existir físicamente; la segunda: «Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra».

Tal vez, en los momentos históricos que vivimos hoy, y después de haber enfrentado el golpe irreversible de su partida, sea más comprensible el mensaje que en ese entonces nos legaba el Comandante. Sin embargo, en ese momento nos confrontó con una realidad que, afirmo sin temor a equívocos, llamó a la reflexión a todos los revolucionarios, incluso a los que, como yo, teníamos unos escasos 15 años. Fidel, indiscutiblemente, nos llamaba a la «continuidad».

No es que no lo hubiera hecho antes, pues desde los mismos inicios de la lucha en la Sierra Maestra y los primeros años de la Revolución en el poder, siempre dejó claro que el proceso social que se iniciaba no se limitaba a su persona, ni siquiera a la Generación del Centenario, sino a algo mucho más poderoso: el Pueblo. Pero ese día nos enfrentó a la posibilidad de que nuestro sistema social podía ser reversible, y no porque nuestros enemigos tuvieran las armas para lograrlo, sino únicamente en caso de que el compromiso real de los cubanos con esta obra pudiera desmoronarse.

Hoy, con un poco más de madurez política asumo otra lectura de sus palabras, y revisitando cada uno de los momentos cumbres de la historia revolucionaria que protagonizó, comprendo que aun bajo su tutela, que aun con su imprescindible acompañamiento, Fidel nos enseñó a caminar, y en cada uno de sus actos hubo siempre un principio pedagógico: brindarnos las herramientas, valores e incluso, la plataforma ideológica para entender que no podíamos prescindir de nadie en el camino de la construcción del socialismo, que debíamos sucederlo con la mayor de nuestra fortalezas: la unidad; y entender el proceso de edificación de la sociedad próspera y sostenible como un proceso que traspasa por mucho las fronteras del ámbito individual.

Fidel nunca será mármol entre nosotros, sino presencia para siempre repensar la Patria. Foto: Yeilén Delgado Calvo

Al estudiar sus discursos, al releer las frases que dirigió a las masas, no puede una dejar de asombrarse. Hay en ellas tanta visión futura, tan inimaginable entendimiento de los retos por venir que, como sucede con al Apóstol, podremos retomar el pensamiento fidelista ahora o dentro de cien años, y habrá en sus palabras siempre un mensaje atemperado al presente.

«Es alentador saber que miles y miles de jóvenes, y decenas de miles de jóvenes con una mentalidad revolucionaria, con una preparación cada vez más elevada, se incorporan a los trabajos del pueblo, se incorporan al esfuerzo del pueblo. Vemos cómo un pueblo nuevo va surgiendo de nuestra juventud. Y tenemos derecho a sentirnos confiados». (8 de noviembre 1961)

En fecha tan temprana como 1961, ya hablaba de confianza en la juventud, y al mirar ese día desde la distancia de 57 años, se hace evidente que esas nuevas generaciones con las que entonces hablaba fueron realmente dignas de su confianza y, como predijo, no fallaron jamás. Pero tampoco lo hicieron los hijos ni los nietos de aquella juventud enardecida, porque nuestro país logró algo quizá inédito, convertir a la Revolución en una herencia de familia, en una preciada posesión que se entrega junto al legado más genuino de los ancestros. Por eso los revolucionarios no mueren dejando un camino trunco, porque coexisten con su relevo, y lo educan en esos principios.

«…la Revolución ha hecho que el joven sea algo, y algo sumamente importante, en la sociedad, algo extraordinariamente apreciado en la sociedad. La Revolución ha hecho que los niños y jóvenes se conviertan casi en su razón de ser, ¡en su razón de ser!, porque son el objetivo de la Revolución, los continuadores de la Revolución». (4 de abril de 1972)

Fidel veía en la juventud el potencial de transformación. Foto: Archivo

Nunca albergó Fidel duda alguna de la capacidad de renovación del proceso social cubano. Estaba seguro de que los tiempos difíciles podrían confundir a muchos, y tampoco fue ciego respecto al hecho de que el acoso constante de nuestros enemigos llegaría a sembrar la semilla de la decepción y el descrédito en algunos de los hijos de la Revolución. Pero siempre tuvo confianza, porque sabía que el impacto de esta obra sin precedentes en la dignidad de la gente, en su valorización, en el espíritu de amor patrio, era mucho más poderoso que falacias infundadas, y así lo hizo saber en muchas ocasiones, como el 26 de julio de 1998.

«No se dejen confundir por nada, no se dejen engañar jamás por nadie. Esa es nuestra esperanza, y que este país jamás retroceda, que esta Revolución jamás retroceda, que toda la dignidad y la gloria que hemos construido no puedan destruirlas nunca».

Aquellas palabras, después de haber sobrevivido a los años más duros del periodo especial, de haber puesto a prueba como nunca antes desde 1959, la capacidad de resistencia del pueblo cubano, dirigidas una vez más a los jóvenes, no eran sino la reafirmación de que podíamos continuar, siempre continuar. Aun con los pronósticos en contra, aun con las aves de rapiña sobrevolando nuestras cabezas habíamos salido adelante. Años más tarde, en sus conversaciones con Ignacio Ramonet apuntaría:

«…desarrolle y eduque a una sociedad completa (…) y veremos entonces lo que da. Esos son los ocho millones que después del primer año de periodo especial suscribieron: “Soy socialista”».

Es posible que muchos aún se pregunten cómo lo logramos, y creo que fue por la mayor de las razones, estábamos conscientes de lo que íbamos a perder. La vívida experiencia de un pasado de humillación era fuerza más que suficiente para saber que la opción de rendirnos no formaba parte de nuestra estrategia de supervivencia entonces. Así fue como una vez más quedaron los buitres con cuchillo y tenedor en mano, sin poder saborear su ansiado manjar y equivocadamente, el 31 de julio del 2006 volvieron a sentarse a la mesa.

«No albergo la menor duda de que nuestro pueblo y nuestra Revolución lucharán hasta la última gota de sangre para defender estas y otras ideas y medidas que sean necesarias para salvaguardar este proceso histórico.

«El imperialismo jamás podrá aplastar a Cuba».

El pueblo cubano es fidelista por convicción. Foto: Anabel Díaz

Sería insensato negar el temor que nos invadió cuando escuchamos su proclama, el hondo sentimiento de preocupación y la inconmesurable prueba de lealtad a la que estábamos llamados. Pero los insulsos enemigos de la Patria confundieron, como tantas otras veces, el sentir de los cubanos. Temíamos por él, por su salud, por su vida, pero jamás ese temor tuvo como basamento ninguna debilidad en relación con nuestras convicciones, no hubo en ese instante ni el más mínimo asomo de flaqueza, ni estuvo cerca el pensamiento de que no podríamos seguir adelante.

Los años posteriores demostraron la capacidad de crecimiento de este pueblo, y de la mano de Raúl emprendimos un camino no exento de obstáculos, pero con sobrada voluntad para superarlos. Y Fidel encontró en sus reflexiones la manera de decirnos ¡aquí estoy, junto a ustedes siempre!
El sexto Congreso del Partido, la Primera Conferencia de esa organización guía para la sociedad cubana, el séptimo cónclave, llegaron para ratificar la necesidad de un imprescindible proceso de actualización de nuestro modelo económico, y para fortalecer el papel dirigente del Partido ante esa realidad.

Y llevamos a consulta popular la conceptualización de nuestro sistema, y el plan de desarrollo del país, y desde el obrero más humilde hasta el más excelso académico fueron escuchados en pos de una construcción colectiva de la sociedad.

En ese contexto nos sorprendió su despedida. Ese adiós para el que nunca estaríamos preparados y que nos caló en el cuerpo y el alma como solo la pérdida de un padre puede hacerlo. ¡Llegó el momento!, dijeron los esperanzados detractores de la Revolución y como de costumbre, volvieron a equivocarse. Pero eso, eso ya lo sabía Fidel.

«… la revolución no se basa en ideas caudillistas, ni en culto a la personalidad. No se concibe en el socialismo un caudillo, no se concibe tampoco un caudillo en una sociedad moderna, donde la gente haga las cosas únicamente porque tiene confianza ciega en el jefe o porque el jefe se lo pide. La Revolución se basa en principios. Y las ideas que nosotros defendemos son, hace ya tiempo, las ideas de todo el pueblo». (Cien horas con Fidel)
La Revolución continuaría porque para eso estábamos aquí sus herederos.

Desde entonces, cada vez que llega un momento trascendental de reafirmación revolucionaria no podemos evitar la expresión de: «es la primera vez sin la presencia física del Comandante», pero eso, lejos de desalentarnos, lo hemos convertido en poderosa motivación, en el homenaje sensible que le hacemos cada día. Y dimos la prueba más certera, la evidencia más completa de respaldo a los principios que aprendimos de él cuando, bajo el manto de la democracia y nuestra libre determinación como país, desarrollamos un exitoso proceso de elecciones generales, en el que ni la fuerza de la naturaleza pudo hacer mella.

Este 19 de abril, cuando quedó finalmente constituida la Asamblea Nacional del Poder Popular, y representados en valiosos compatriotas  millones de cubanos ocupando los escaños del Parlamento, hemos dado una lección al mundo, y una muy importante e imperecedera: solo los pueblos son dueños de su destino.

«No hay que medir las elecciones nuestras por los números de votos. Yo las mido por la profundidad de los sentimientos, por el calor, lo he estado viendo durante muchos años. Nunca vi los rostros más llenos de esperanza, con más orgullo». (Cien horas con Fidel)

Cuando la Generación del Centenario entrega las banderas del socialismo en las manos que tendrán el orgullo de mantenerlas en alto, se sostiene esa continuidad a la que Fidel dedicara gran parte de sus energías. Futuro incierto, jamás. Poblado de retos y nuevas batallas tal vez, pero siempre bajo la certidumbre de que solo el socialismo y la Revolución dan a este pueblo.

Elegimos un camino hace 150 años, y no ha nacido todavía ni lo hará, quien nos obligue a desviarnos de él. Queremos lograr como Fidel, como todos los que lo secundaron y ya no están, como podrán decir con orgullo quienes emprendieron la lucha junto a él y aún están aquí:

«…debemos emplear todas nuestras energías, todos nuestros esfuerzos, todo nuestro tiempo para poder decir en la voz de millones o de cientos o de miles de millones: ¡Vale la pena haber nacido!  ¡Vale la pena haber vivido!».

Fuentes: Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet; Fidel habla a la Juventud;

Discurso pronunciado por Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana con motivo del Aniversario 60 de su entrada a esa casa de altos estudios; Proclama de Fidel al Pueblo de Cuba, 31 de julio del 2006.