¿Por qué en Cuba hay un partido único?

Acto en la Clausura del 2do. Congreso del PCC
Acto en la Clausura del 2do. Congreso del PCC Foto: Archivo de Granma

El pluripartidismo es el gran instrumento del imperialismo para mantener a las sociedades fragmentadas, divididas en mil pedazos; convierte a las sociedades en sociedades impotentes para resolver los problemas y defender sus intereses.

Un país fragmentado en diez pedazos es el país perfecto para dominarlo, para sojuzgarlo, porque no hay una voluntad de la nación, ya que la voluntad de la nación se divide en muchos fragmentos, el esfuerzo de la nación se divide en muchos fragmentos, las inteligencias todas se dividen, y lo que tiene es una pugna constante e interminable entre los fragmentos de la sociedad.

Un país del Tercer Mundo no se puede dar ese lujo. Realmente se lo dan muchos, claro que hace rato que se lo vienen dando, y hace tiempo que gran parte de ellos están subyugados y dominados.

Claro que en una sociedad que tenga que enfrentar los problemas del subdesarrollo y tenga que desarrollarse en las condiciones tan difíciles que resulta desarrollarse en el mundo de hoy, es esencial la unidad. (…)

(…) De modo que tengo la más profunda convicción de que la existencia de un partido es y debe ser, en muy largo periodo histórico que nadie puede predecir hasta cuándo, la forma de organización política de nuestra sociedad. (…)

(Tomado del discurso en la clausura del X Periodo Ordinario de Sesiones de la Tercera Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular)

Fidel Castro, el cubano a quien más veces intentaron asesinar

LA HABANA (Sputnik) — El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro (1926-2016), que hoy cumpliría 92 años, estuvo expuesto a 638 intentos de asesinato.
“Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo; fue capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos”, comentó Castro en un discurso en la clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba en 2016, unos meses antes de fallecer.
Pero en su muerte forzosa sí pensaron muchos durante casi medio siglo. Eliminarlo físicamente fue una obsesión de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EEUU y de sus acérrimos enemigos cubanos afincados en las ciudades estadounidenses de Miami y Nueva York.
 

Hasta el año 2007 se contabilizaron 638 intentos de asesinato contra el dirigente cubano, en distintas fases de desarrollo, y llegaron a ejecutarse más de un centenar de ellos, todos de forma fallida, según servicios de inteligencia cubana.

 
En una cronología publicada en el diario oficial Granma, se destaca que uno de los primeros intentos se registró el 28 de diciembre de 1958, pocos días antes del triunfo revolucionario, cuando fue descubierto y detenido en la Sierra Maestra el estadounidense Aller Robert Nye, a quien se le incautó un fusil Remington calibre 30.06 con mira telescópica, con el que pretendía dar muerte al jefe guerrillero.
Unos meses después, el 2 de febrero de 1959, fue detenido el agente de la CIA y mercenario Allen Robert Mayer, que ingresó ilegalmente en Cuba a bordo de una avioneta, pero fue descubierto y detenido por los entonces incipientes Órganos de la Seguridad del Estado.
 

En 1960, los oficiales de la estación de la CIA y agregados militares en la embajada estadounidense en La Habana, el mayor Robert Van Horn y el coronel Jack Nichols utilizaron a la también agente Geraldine Shamma para organizar un plan de asesinato a Castro en ocasión de una de las visitas que hacía a la casa de otro dirigente.

 
La lista de intentos es larga y diversa.
Trataron de envenenarlo usando una píldora de cianuro en un batido de chocolate, o de aprovechar su afición al buceo utilizando un traje de buzo envenenado, o con explosivos con forma de moluscos con colores llamativos, durante sus inmersiones submarinas.
También se intentó con puros habanos, tanto venenosos como explosivos, dispararle con un lanza-cohetes mientras daba un discurso, ametrallarlo con una falsa cámara de televisión, envenenarlo con un bolígrafo-jeringuilla, o hacer estallar una tribuna en la que debía dar un discurso en su visita a Panamá en 2000 Cuestionado por el cineasta estadounidense Oliver Stone, Castro le respondió que la causa de su supervivencia “es que los terroristas eran mercenarios que tenían miedo a morir si ejecutaban el asesinato, o a no disfrutar la recompensa”.
 
El exgobernante cubano encabeza la lista de líderes que fueron blanco de atentados y que incluye además a los expresidentes estadounidenses Ronald Reagan (197), Richard Nixon (184), Lyndon Johnson (72), James Carter (64) y John Kennedy (42), quien murió asesinado en 1963.

Vivencias imborrables de Agustín Díaz Cartaya

2018-07-20 08:03:36 / web@radiorebelde.icrt.cu / Heydi González Cabrera

 
Vivencias imborrables de Agustín Díaz Cartaya
Agustín Díaz Cartaya se define a sí mismo como poeta, músico y combatiente eternamente fiel a la Revolución y a Fidel. Su obra cumbre, trascendental: el Himno del 26 de Julio.

Ha escrito infinidad de composiciones y poemas. Tanto la música como la poesía mantienen una línea romántica, generalmente, épica, y ha incursionado en la lírica y la folklórica. 

La historia de su vida sería, sin lugar a dudas, un testimonio dramático que, según afirma rotundo: “No podría jamás escribirlo”. No cabe pensar que su negativa la dicte el olvido ante tantos años de reconocimiento a su lucha, o porque ha vivido rodeado del amor de la esposa, hijos y nietos.

Mas, ¿por qué su negativa? ¿Quizás duele todavía la infancia perdida en la Casa de Beneficencia adonde la miseria obligó a su madre a recurrir? O tal vez, la adolescencia azarosa, la juventud sin perspectiva…Vivencias imborrables que siempre le acompañan.

PUNTO DE PARTIDA

Vivencias imborrables de Agustín Díaz Cartaya

La vieja amistad con un integrante de las células del 26 de Julio en Marianao, facilitó la incorporación de Cartaya al grupo revolucionario. Tenía antecedentes de pertenecer a la Juventud Ortodoxa, a la que sumaba antiguos vínculos con la Triple A, organización que dio mucho que hacer cuando el golpe de estado batistiano. 

-En una ocasión, cuando practicábamos tiro en la finca “Santa Elena” –relata-, Fidel me planteó: “Cartaya, hace falta que hagas un himno para el movimiento”. Él conocía que yo cantaba y componía música. Lo simpático fue que, debido a la compartimentación del secreto, ni imaginaba que él era nuestro jefe, y mucho menos, cuál sería la misión a cumplir.

-La idea prendió en mí. Comencé a trabajar de inmediato, y días después, media hora antes de salir para Oriente, llegó Fidel y tras breves intercambios, me pregunta cómo va el himno. Con mi mejor sonrisa respondí: “Ya está terminado”. Vi el entusiasmo en su rostro, e interés en escucharlo.

Como en esa casa había dedicado todo mi tiempo a componerla, los integrantes de nuestra célula pudieron entonar conmigo lo que llamé Marcha de la Libertad. Era el 24 de Julio de 1953, a pocas horas de los asaltos a los Cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo.

Esta primera versión constaba de cuatro estrofas. La tercera era diferente a la que hoy posee:

Marchando, vamos hacia un ideal,
Sabiendo que hemos de triunfar,
En aras de paz prosperidad
Lucharemos todos por la libertad.

Adelante, cubanos, 
Que Cuba premiará nuestro heroísmo,
Pues somos soldados que vamos a la Patria a liberar,
Limpiando con fuego que arrase con esa plaga infernal
De gobernantes indeseables y de tiranos insaciables
Que a Cuba han hundido en el mal.

*La muerte es victoria y gloria que al fin
la historia por siempre recordará.
La antorcha aurora sembrando va
Nuestros ideales por la libertad.

El pueblo de Cuba,
Sumido en su dolor se siente herido
Y se ha decidido a hallar sin tregua una solución
Que sirva de ejemplo a esos que no tienen compasión
Y arriesgaremos decididos por esa causa hasta la vida,
¡Qué viva la Revolución! 

Cuando terminamos de cantar, Fidel resplandecía. Estaba muy contento.

Al poco rato partimos en cuatro automóviles. Al llegar, nos hospedamos en el gran Casino, un hotelucho situado cerca del cuartel Carlos Manuel de Céspedes. Ocupábamos siete habitaciones, y una vez dentro, nadie podía salir por estrictas medidas de seguridad.

-Los problemas comenzaron cuando nuestro jefe autorizó a Elio Rosete para que saliera unos minutos. Ese hombre, clave a la hora de la ejecución del ataque, no volvió. Desconocíamos la magnitud del incidente, y estábamos muy tensos. A las 12 de la noche nos ordenaron vestirnos con uniformes. Faltaban pocas horas para la acción.

-Éramos 26 hombres armados con escopetas calibres 12, 16 y 22. Otros traían pistolas o revólveres. El factor sorpresa se convertía en nuestra ventaja. El plan inicial era que Raúl Martínez –con grados de sargento de la tiranía-, acompañara por la puerta principal a Elio Rosete, sujeto muy conocido por la soldadesca, y que se encargaría de presentar a Raúl para que le dejaran pasar la noche allí.

-Si ese propósito no se cumplía, Raúl encañonaría al guardia de la posta, obligándolo a abrir para que nosotros entráramos a los dormitorios llenos de soldados. Otra parte de grupo completaría la acción.

-Raúl se reunió con los demás jefes, discutieron varias medidas, y aunque lo más sensato era cambiar la estrategia, no razonó.

-Esa noche, muy pocos dormirían, reflexionando sobre todo lo que podría ocurrir. Ahora la táctica era otra. Nos iríamos por la parte posterior de la guarida batistiana, protegidos por la oscuridad. Cruzaríamos por debajo de la cerca de alambres y los sorprenderíamos.

-A las 5 y 15 de la madrugada, hora dispuesta por Fidel para el ataque al Cuartel Moncada, iniciamos la acción. Todo estaba tranquilo. Solo había 12 soldados dentro y ocho dormían en la barraca; los cuatro restantes eran el sargento, las dos postas y el cocinero. Sin dificultad llegamos al fondo de cuartel y pasamos por debajo de los alambres, pero un obstáculo inesperado detuvo a la primera avanzada: tropezamos con un montón de latas vacías. El soldado de la posta dio el alto.

-Por respuesta, recibió un certero disparo. Allí mismo empezó el tiroteo. Una ametralladora se hizo sentir. No podíamos sacar la cabeza y nuestras escopetas poco podían hacer. El armamento enemigo era superior, y todo el cuartel estaba despierto. Comenzamos a retirarnos

-Ya en la calle nos siguió un yipi de los batistianos, y Ñico López, de un solo disparo, liquidó a uno de los hombres que venía en el carro. Nos dispersamos para evitar los encuentros. No eran todavía las seis de la mañana. 

-Apresaron y masacraron a muchos del grupo. Yo logré evadirme con el dentista Pedro Celestino Aguilera. Fuimos a parar a san Luis, y allí cogimos una guagua que salió para La Habana. Desconocíamos la situación del resto de los compañeros, y eso nos desalentaba. Me adormecí en el ómnibus, pero… en Santa Clara me despertaron. Tenía frente a mí a un teniente del ejército que me mandó a bajar. 

Aguilera no perdió tiempo, y le dijo: “Teniente, este negro es mi criado. Estábamos en los carnavales” Por coincidencia, el militar lo conocía y todo se resolvió.

UNA PALIZA

Cartaya cae preso

Tres días después, miembros del Servicio de Inteligencia Militara (SIM) me detuvieron. Estaban interrogándome cuando llegó un oficial y aseguró que yo no podía ser asaltante al Moncada porque me había visto el día 25 en la barbería, en pleno Marianao. Sugirió que cantara algo al capitán, para que supiera a qué me dedicaba. No perdí tiempo, y al parecer lo convencí. Minutos después estaba en la calle… para ser detenido a la semana siguiente.

-Fui golpeado salvajemente. Fueron tres días consecutivos de torturas. Corregía, orinaba y escupía sangre. Hasta me pasearon por El Laguito y el cementerio, amenazando con matarme, pero no lograron que dijera una sola palabra.

-Cuando menos lo imaginaba, junto con otros compañeros nos enviaron para Santiago de Cuba, justamente al Cuartel Moncada, y de allí, a la cárcel de Boniato.  El día que llegué, los asaltantes del cuartel me dieron una cálida acogida. Más tarde supe por Raúl Castro, que ellos se habían negado a ir al juicio, porque sabían de mi reclusión en La Cabaña y presentían que querían excluirme del proceso penal para asesinarme.

UNA NUEVA ESTROFA

-Lo primero que hice en la cárcel de Boniato, por sugerencia de Fidel, fue cambiarle algunas cosas al Himno. Quería que el recuerdo de los hermanos caídos sirviera de sagrado factor de unidad. Así surgió la nueva estrofa.

La sangre que en Oriente se derramó 
Nosotros no debemos olvidar,
Por eso unidos hemos de estar
Recordando a aquellos que muertos están

En la prisión se aprendieron el himno, y lo cantábamos delante de los carceleros, en los ómnibus que nos trasladaban al Tribuna de Urgencia donde se efectuaban las sesiones del juicio y hasta en la propia sala donde esperábamos la sentencia. Los vecinos de esa zona lo oyeron muchas veces.

Posteriormente, cuando nos conducían para el aeropuerto, o a tomar el avión rumbo a Isla de Pinos, interpretamos la Marcha. Fue algo que consolidó nuestra unidad, en las cárceles y fuera de ellas.

Tiempo después, sustituimos del himno la palabra Oriente por Cuba, y decidimos ponerle definitivamente, Marcha del 26 de Julio

MODELO PRESIDIO

Casi dos años permanecí entre rejas, con el signo de la muerte presente en las torturas a que me sometieron, pero con la convicción de seguir la lucha al precio que fuera.

-El 12 de febrero de 1954, Juan Almeida vio desde una ventana la llegada de Fulgencio Batista y Zaldívar, y corrió a informarlo a Fidel. Al principio no sabían qué hacer para brindarle una lección inolvidable. Por fin se acordó cantar el Himno y gritar ¡asesino!

Cuando Almeida alertó ¡Ya está aquí! Los moncadistas, desafiantes, entonamos la marcha, no tardaron en unírsenos las voces de otros presos.

-De inicio, el tirano creyó que se trataba de una alegre bienvenida pero, en la medida que prestó atención a la letra, empezó a gritar “!Los mato!”.

-Lo demás era de esperar – relata sonriente Cartaya- a la mañana siguiente leyeron un listado: Ramiro Valdés, Oscar Alcalde, Ernesto Tizol e Israel Tápanes. Por ser domingo, algunos creyeron que se trataba de visitas familiares. Nada más lejos: fueron a parar al Pabellón Dos, en celdas individuales de castigo. No tardaron en buscar a Fidel. Después, me tocó a mí.

“¿Así que tú eres el autor de la mierda esa que cantaron al general? Pues ahora tienes que cantar para nosotros. 

-Me negué, y el teniente Perico Montesinos y Cebolla, un condenado a más de 100 años de prisión por asesinatos, y que fungía como “mayor”, se aproximaron.  Resuelto grité: “Si se acercan, les voy a dar”. El asesino miró a los suyos. Mis seis pies y 200 libras de peso, los hicieron reflexionar, y se retiraron.

-A media noche regresaron con refuerzos. Me desnudaron y recibí un aluvión de patadas y golpes de “bichos de buey” hasta quedar inconsciente por largas horas.

LA GRABACIÓN

Agustín Díaz Cartaya en el acto por el 26 de Julio de 1993

Después que abandoné aquel destierro, como le llamo a esos días en el presidio Modelo, todo fue muy difícil. En la calle la situación seguía igual o peor. Por dos veces más estuve en la prisión del Castillo del Príncipe, pero aun allí, aproveché el tiempo, copiando centenares de textos del himno y repartiéndolo entre los presos políticos; de esa forma fue dándose a conocer por el pueblo. 

Un hecho trascendental, de gran valor histórico, resulto la grabación del disco con el Himno del 26 de Julio. Ese mérito correspondió a Carlos Faxas, entonces secretario general de la Asociación de Músicos de Cuba.

La arriesgada misión tuvo fuertes contratiempos. En 1956 logró entrevistarse con un compañero apodado El Chino, quien había estado preso en Isla de Pinos y era expulsado del país. Este tenía el texto de la música, Faxas supo arreglárselas para conversar con él, Burló la policía en el propio aeropuerto y con tremendo riesgo permaneció una hora precisando lo más mínimo de la Marcha. El Chino salió hacia Europa con su encomienda.

-Faxas copió centenares de ejemplares. Difundió la música entre las orquestas, e incluso, se decidió a grabar un disco con acompañamiento de coro y orquesta. Ya a principios de 1957, las condiciones estaban preparadas. Carlos Faxas era jefe de la sección de repertorio de la emisora Radio Cadena Habana. La noche del 14 de febrero, las puertas de la emisora se abrieron para que cuatro voces, tres músicos y el propio Faxas, se concentraran en su objetivo hasta casi el amanecer.

-La grabación se envió al extranjero donde una casa de discos se encargó de su impresión y difusión.

Mientras, las ondas de la emisora guerrillera Radio Rebelde, diariamente dejaban escuchar las notas del himno, yo me mantenía en la clandestinidad, trabajando bajo las orientaciones de la Dirección del M-26-7. En 1958, se decidió que me incorporara a la lucha guerrillera en la Sierra de los Órganos, en Pinar del Río, y allí recibí el amanecer del Primero de Enero.

NUEVO HIMNO 

Al cumplirse el décimo aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, Fidel se reunió con aquellos combatientes. En esa oportunidad me dijo: -“Cartaya, estás como el compositor de la Marsellesa. Ya tú no haces nada. ¿Qué te pasa?”

-No crea, Comandante –respondí-, tengo algo nuevo: La Marcha de la América Latina.
-Me pidió que la cantara. Apenas la escuchó, vi en su rostro la misma alegría que 10 años atrás, cuando escuchó el otro himno.
-Me gusta esa marcha –señaló-.Oye, Almeida: ¿Qué te posibilidad hay de tocarla mañana en el acto central por el 26?
-Muy pocas Fidel, poquísimas -observó el aludido-. El jefe de la Revolución, como si no hubiera escuchado la respuesta, fue categórico:
-“Está bien, Almeida, entonces, a las 3 de la mañana llévamela a la casa”.

-Ni que decir que desde ese momento nos movilizamos. Buscamos arreglistas, copistas, al coro de la CTC. Lo que hizo alta. Los ensayos se iniciaron de inmediato, y al rato, la grabación. A las 2 de la mañana, Fidel tenía la placa del disco. La Marcha de la América Latina se escuchó por primera vez aquel 26 de Julio del año 1963, en una de las grandes concentraciones de la Plaza de la Revolución.

 

 

 

Fidel y Raúl nunca defraudaron la confianza de su padre

Por: Equipo Editorial Fidel Soldado de las Ideas

Don Ángel Castro Argiz, en su oficina-comedor, 1956. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

El libro “Ángel, la raíz gallega de Fidel” escrito por Katiuska Blanco Castiñeira es una historia inspirada en la vida del padre de Fidel y Raúl Castro Ruz.

Ángel Castro Argiz fue uno de los tantos gallegos que dejó atrás la Galicia profunda para buscar fortuna más allá del mar. En su camino, Ángel nunca imaginó que de su propia casa saldría la fuerza para cambiar la suerte de Cuba, la isla que siempre trazó su destino.

Cubadebate y el sitio Fidel Soldado de las Ideas en ocasión del Día de los Padres comparte con sus lectores fragmentos del libro donde se muestra el cariño y la admiración que los hermanos Castro sentían por su padre.

En el mismo se refleja cómo Fidel fue formando su pensamiento sobre la crítica situación económica, política y social en que vivía el país antes del triunfo de la Revolución:

“Todo lo que Fidel definía como urgencias económicas del país lo había aprendido en sus largas conversaciones con los trabajadores del batey y con don Ángel, con quien intercambiaba opiniones sobre los asuntos económicos de la finca y de Cuba. Sus vehemencias justicieras tenían raíz en lo vivido”.

A pesar del riesgo que correría en las acciones revolucionarias, sus padres nunca dejaron de apoyar a los hermanos Castro en sus ideales de justicia:

“Fidel presentía en su padre una intuición, pero don Ángel no le dijo nada, como quien valora inestimable y vital el silencio. Fidel nunca intentó convencer a sus padres de sus ideas políticas, su lucha les causaría grandes sufrimientos, pero confiaba en la sensibilidad fuerte de Lina y en la capacidad de don Ángel para apreciar los hechos políticos, los acontecimientos históricos en la vida de un país. Con esa convicción se despidió de ellos sin mirar atrás y sin saber que aquel sería su último encuentro con el viejo”.

(…)

“Don Ángel los apoyaba. Estaba preocupado, intranquilo, pensando que las dificultades para sus hijos eran muy grandes y que tal vez morirían, pero aún así estaba de acuerdo con su lucha”.

En todo momento estuvo de manifiesto el amor entre padre e hijo:

“Fidel sabía que sus padres se inquietaban por ellos. La preocupación les nublaba la tranquilidad y les quitaba el sueño. Los viejos tenían la niebla del mar en el pensamiento y su ánimo solo cambiaría con el regreso de los hijos. Por eso, Fidel valoraba aún más el apoyo de sus padres, su cariño incondicional, su entereza y respeto”.

Don Ángel siempre confió en que Fidel regresaría desde México para lograr la definitiva victoria:

“En la casa no existía duda de que Fidel regresaría a Cuba ese año. Lo conocían demasiado bien. El viejo pasaba el tiempo pendiente de la noticia, del regreso, como en la historia de la Biblia, en que el padre iba todas las tardes a un alto y aguardaba ansioso el retorno del hijo pródigo, aquella parábola poética del Antiguo Testamento, que tanto había impresionado a Fidel de niño”.

Las cartas escritas por Fidel fueron leídas en innumerables ocasiones por su padre:

“Don Ángel sacó de una cajita de madera los papeles conservados como reliquia en el velador, junto a la cama. Releyó las cartas de sus hijos, escritas mientras esperaban el juicio o después, cuando ya estaban recluidos en el Presidio Modelo, en la Isla de Pinos. Fue repasándolas con la vista y con las manos, una por una, en un gesto de cariño”:

Prisión de Oriente
Septiembre 23 de 1953

Sr. Ángel Castro
y Sra. Lina Ruz.
Birán

Mis queridos padres:

Espero me perdonen la tardanza en escribirles, no piensen que es por olvido o falta de cariño; he pensado mucho en ustedes y sólo me preocupa que estén bien y que no sufran sin razón por nosotros.

El juicio comenzó hace dos días; va muy bien y estoy satisfecho de su desarrollo. Desde luego es inevitable que nos sancionen, pero yo debo ser cívico y sacar libre a todas las personas inocentes; en definitiva no son os jueces los que juzgan a los hombres, sino la Historia y el fallo de ésta será sin duda favorable a nosotros.

He asumido como abogado mi propia defensa y pienso desenvolverla con toda dignidad.

Quiero por encima de todo que no se hagan la idea de que la prisión es un lugar feo para nosotros, no lo es nunca cuando se está en ella por defender una causa justa e interpretar el legítimo sentimiento de la nación. Todos los grandes cubanos han padecido lo mismo que estamos padeciendo nosotros ahora.

Quien sufre por ella y cumple con su deber, encuentra siempre en el espíritu fuerza sobrada para contemplar con serenidad y calma las batidas adversas del destino; éste no se expresa en un sólo día y cuando nos trae en el presente horas de amargura, es porque nos reserva para el futuro sus mejores dones.

Tengo la más completa seguridad de que sabrán comprenderme y tendrán presente siempre que en la tranquilidad y conformidad de ustedes está siempre también nuestro mejor consuelo.

No se molesten por nosotros, no hagan gastos ni derrochen energías. Se nos trata bien, no necesitamos nada.

En lo adelante les escribiré con frecuencia para que sepan de nosotros y no sufran.

Los quiere y les recuerda mucho: su hijo

Fidel.

Fidel y Raúl nunca defraudaron la confianza de sus padres, Lina Ruz y Don Ángel Castro vivieron siempre orgullosos de sus hijos y sus convicciones de lucha contra las injusticias.

Para conocer más sobre el ideario del líder de la Revolución cubana visite nuestro sitio Fidel Soldado de las Ideas. Síganos en Facebook y Twitter.

Confesiones desde la verdad

Por Oscar Álvarez
Fotos: Joyme Cuan
Un día del pasado siglo, Serpa partió de su amada Cárdenas, ese pequeño trozo de la geografía matancera donde le tocó nacer el 10 de octubre de 1966. En ese momento pocos le conocían y nadie le tildaba de traidor.
La Isla de la Juventud es el terruño a donde va, ahí trabaja como inspector y disfruta de la compañía de su hija. Vive en un mundo lleno de sueños por cumplir, al alcance de su mano, hasta que un raro susurro llega a su oído, le estremece. Ocurre en él una inexplicable metamorfosis y su vida se pone de cabeza.
Sus ojos cobran un tinte extraño, la voz habla otro “idioma”, uno donde la Patria parece no importar. Es el año 2001, Carlos Manuel Serpa Maceira se transforma de forma inexplicable. En su interior nace “Emilio”, mientras ve morir a su tío Emilio: el hombre quien lo crió, combatiente de la lucha clandestina contra Fulgencio Batista y en los sucesos de Playa Girón.
“Extiende los brazos” a varios grupos de asalariados del imperio existentes dentro de Cuba, finalmente se torna reportero de Radio Martí. Se escucha su voz alabando las “proezas” de los “luchadores por la libertad de Cuba”. Los amigos de toda la vida dejan de serlo, le señalan con el dedo, se alejan, le dan la espalda; la palabra traidor resuena en las calles por donde pasa. Sus nuevas labores le obligan a establecerse en La Habana.
Estrecha vínculos dentro de la contrarrevolución. En más de una oportunidad se ve precisado a escapar de la ira del pueblo por tildarlo de traidor; pierde a su pareja, por dentro su dolor es inmenso, un dolor que solo el “Emilio” escondido en medio del pecho le ayuda a soportar. Durante 10 años sufre el distanciamiento de su madre. Solo “Emilio” le puede dar consuelo. Calla mientras grita las mentiras de otros, y a su vez susurra, en el oído indicado, las verdades que no se pueden gritar, pero no pueden permanecer ocultas.
El 26 de febrero de 2011, tras 10 años de vivir bajo una piel falsa, las dos mitades de Emilio, la interna, la cual siempre le dio fuerzas para vivir como un agente de la seguridad del Estado, y la externa, la que sus “amigos” de la SINA creían muerta y enterrada, se unen.
Media hora antes del adiós definitivo, Serpa le asesta a la mal llamada Radio Martí la más colosal de sus estocadas. Ajenos aun a su verdadera identidad, le permiten entrar en directo.
En medio de su intervención, su discurso cambia y la voz se vuelve un trueno cuando dice: “Quiero denunciar la brutal campaña que lleva el imperialismo norteamericano contra la Revolución Cubana.
¡Viva Fidel, viva Raúl, libertad para los cinco héroes prisioneros del imperio. Patria o Muerte VENCEREMOS! Les habla el agente Emilio de los Órganos de la Seguridad del Estado”.
Por fin pudo sentir los brazos de la madre. En la garganta siente un nudo inmenso, los ojos se llenan de lágrimas. Le dice a la hija cuan orgulloso está de ella. Visita su natal Cárdenas, pone en la tumba del tío una mano en señal de respeto, sobran las palabras. Sus sueños comienzan a hacer realidad.
En fecha mucho más reciente, este 30 de mayo, Vladimir Sauri Bermúdez, Coordinador Provincial de los Comités de Defensa de la Revolución, entregó a Carlos Manuel Serpa Maceira la credencial de delegado directo al IX Congreso de los CDR. Un reconocimiento el cual, confiesa, le tomó por sorpresa pues “en este pueblo hay muchas personas con méritos para tener esa distinción, la cual solo será entregada a 18 cederistas en todo el país”.
El acto se realizó en la Comunidad Granma, en el Consejo Popular Versalles–Coronela, en el municipio de La Lisa, a pocos días del 6 de junio cuando se creó, en el año 1961, el Ministerio del Interior (Minint), órgano al cual pertenece el Departamento de Seguridad del Estado.
Tal distinción constituye un reconocimiento para todos los hombres y mujeres quienes durante años, desde el anonimato, han defendido y defienden a la Revolución. Cuando la voz de Serpa se escuche en las sesiones del congreso cederista, estarán reflejados las voces, los sentimientos, el amor por la Patria de los miembros del Minint, estará presente el orgullo de sabernos cubanos.

El asesinato del último periodista en Cuba.

El sesenta aniversario del asesinato del periodista ecuatoriano Carlos Bastida Arguello –el ultimo profesional de la prensa asesinado en Cuba con solo 23  años –a manos de un sicario del dictador Fulgencio Batista  en 1958 constituye hoy un justo motivo para denunciar la muerte de reporteros reprimidos y asesinados en el mundo entero cuando hurgan en aquellos hechos que la gran prensa opta por callar.

En la sede de la Unión de Periodista de Cuba (UPEC) hay una placa  que rinde homenaje a Carlos Bastida Arguello, cuyo crimen no fue denunciado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). El dictador Fulgencio  Batista no fue sentado en el banquillo de los  acusados.

Bastida logro ascender a la Sierra Maestra, y establecer contacto con el Ejército Rebelde, e incluso sostuvo un encuentro con el Comandante en Jefe Fidel Castro  Ruz. Fue colaborador de las primeras emisiones de Radio Rebelde. A través de esta radio de onda corta y bajo el seudónimo de Atahualpa Recio, se comunicaba con el pueblo y con la lucha del Movimiento 26 de Julio.

El reportero ya presentaba un aval periodístico importante, había reportado para distintos periódicos en Republica de Ecuador grandes acontecimientos como los sucesos de Hungría en 1956 y las caídas de las dictaduras de Rojas Pinilla, en Colombia, y de Pérez Jimenez,en  Venezuela.

Pensaba  viajar a  Estados Unidos para denunciar los crímenes de la aviación de Batista contra comunidades rurales de la Sierra Maestra cuando encontró la muerte. El  13 de mayo de 1958, en el bar Cachet, situado en Avenida del Prado entre Virtudes y Neptuno en la capital cubana, un agente del Buro de Investigaciones de la Policía Nacional lo tiro al piso con un puñetazo certero y le disparo a la cabeza y al pecho. Salió enseguida del local y se marchó en el auto patrullero en el que había llegado. Era el cabo Orlando Marrero Suarez, alias Gallo Ronco, hombre cercano al general Pilar García, jefe de la Policía Nacional. Había estado implicado un año antes en el asesinato del senador antibatistiano Pelayo Cuervo Navarro.

De ese brutal asesinato no se publicó  una línea en la prensa de la época, sometida a la más férrea censura. El cuerpo sin vida de Carlos Bastida fue llevado al Necrocomio por órdenes  de la policía.

El colegio de Periodistas de la Habana supo de lo ocurrido y logro, tras  muchos tropiezos, que tres días después le entregaran el cadáver, que fue velado en la funeraria de Calzada y K sepultado al día siguiente  en el panteón de los periodistas en el Cementerio de Colon.

En el libro Andanzas de Atahualpa Recio de la autoría del periodista Juan Marrero González, en la página de presentación al texto  el autor destaca  ¨¨  En los  años del poder revolucionario, desde 1958 no ha ocurrido un hecho semejante en Cuba .Jamás  un periodista ha sido torturado, desaparecido, torturado ¨¨.

El pasado  año fueron asesinados 42 periodistas en nueve países de América Latina y el  Caribe. La lista la encabeza México, e incluye Honduras y Colombia. Y según reportes desde Ginebra en el primer trimestre  de este  año han sido asesinados 44 periodistas, 28  más  que en igual periodo del pasado  año.

Este martes el periodista ecuatoriano Carlos Bastida Cuello será recordados por la Unión de Periodistas de Cuba con una peregrinación  hasta donde se guardan sus restos en el Mausoleo de los Héroes y Mártires de la Revolución en el cementerio Cristóbal Colon de la Habana. También será develada una placa en su honor en el Instituto Internacional de Periodismo ¨¨José Martí¨¨ , fundado hace 35  años en la Habana y donde han cursado maestrías y postgrados centenares de periodistas latinoamericanos y caribeños.

Con niños namibios de Cassinga

Miriam Nghitotovall, en la Isla de la Juventud. Foto: Jorge Oller
En una de nuestras visitas a la escuela de los namibios en la Isla de la Juventud, en los años 80 del siglo pasado, presenciamos la filmación de la masacre de Cassinga, escenificada para un documental del ICAIC por estudiantes de ese país.
La función de Asistente de Dirección y Asesoría para el nuevo filme de testimonio –con la reproducción actuada de la masacre por los propios alumnos–, la asumía espontáneamente la estudiante becada de la entonces Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana, Miriam Nghitotovali, una antigua alumna del improvisado centro escolar de Chibía.
Lo primero que nos dijo Miriam Nghitotovali es que no olvidará jamás los nombres de sus maestros cubanos en Angola, mencionándolos: Raúl, Fortún, Mario, Lidia y Orestes «El Primo».
Ellos, junto a la Swapo, adoptaron a todos los niños namibios tan pronto llegamos a los campamentos de refugiados al sur de Angola, con los pies sangrando después de haber caminado muchos días por la mata (la selva), huyendo del régimen del Apartheid y sus masacres.
TESTIMONIO DE LA MASACRE
El día de la masacre de Cassinga está en el recuerdo de aquellos que visitamos. Cada uno tenía una historia, pero había un común denominador en todas.
En resumen, en voz de uno u otro estudiante namibio es esta que les compartimos o parecida, y en casi todas aparece «El Primo».
Cuando visitamos la Escuela Henridrick Witbooi, en la Isla de Juventud, las narraciones se multiplicaron, convirtiéndose en un dramático guion, un guion real. Los niños se adentraron por la selva huyendo de la masacre… los testimonios duelen:
–Nos arrastramos por el suelo pedregoso y mi ropa, poca ropa, se enganchaba en los arbustos más pequeños y de otras plantas y bejucos del montecillo  cuentan unos y otros.
Ya el fuego había incendiado la cabaña donde se albergaban y veían sobrevolar el campamento a cuatro aviones de guerra sudafricanos. Los niños, porque eran niños, corrían hacia una zanja más al fondo con mucho miedo.
Este es solo un fragmento de la odisea.
Así o muy parecidos son los relatos de los que lograron salvarse y llegaron a Cuba después del infierno de Cassinga, al sur de Angola, distante 250 kilómetros de la frontera con Namibia.
El ataque de las tropas sudafricanas a aquel campamento causó más de 600 muertos y centenares de heridos por efecto del bombardeo de la aviación, el ametrallamiento desde helicópteros, los gases, la artillería, los blindados y la acción directa de los paracaidistas sobre la población inerme.
No pocos de los namibios de la Isla de le Juventud quedaron adormecidos por el efecto de los gases. Al atardecer unos soldados retiraron  cadáveres que estaban alrededor de algunos de ellos. La primera reacción fue huir hacia lo más profundo del bosque, pues entre esos hombres armados había blancos y creían que eran sudafricanos que corrían tras ellos para rematarlos. Más no fue así.
LOS CUBANOS
Reproducción de una escena de la masacre de Cassinga. Foto: Jorge Oller
En ese grupo que los «perseguía» había soldados de las Fapla y estos les informaron en su lengua que se trataba de cubanos que habían llegado a socorrerlos. Inmediatamente fueron trasladados hacia lugares seguros, de ahí a una escuela y de la escuela aquella, por mar, a las de la Isla de la Juventud, aunque pasaría  un tiempo que no sabían medir exactamente antes de subir al barco.
Cuando se produjo la masacre de Cassinga, tan insuficientemente divulgada en el mundo por la prensa occidental, ya funcionaba una escuelita cubana en Chibía para niños namibios refugiados en Angola, y fue allí donde permanecieron antes de navegar hacia lo que Miriam califica de «Paraíso».
El primer maestro cubano que tuvieron los namibios en Chibía, que describen como «un pueblito de pocas cuadras con una estación de trenes desactivada, en la cual estaba la escuela», fue Raúl Mestre Pedroso.
El maestro llegó a Chibía en los primeros meses de 1978. Le impactó ver en el piso de granito de la vieja estación ferroviaria la silueta indeleble de una figura humana, era la huella a tamaño natural del cuerpo de un revolucionario angolano que había sido quemado por los colonialistas portugueses en ese mismo lugar.
Precedieron a Mestre en ese sitio, otros colaboradores cubanos, entre ellos un combatiente llegado a Angola en febrero de 1976, era Orestes Valdivia «El Primo», quien de soldado se convirtió muy pronto en un padre para los niños namibios refugiados en Angola, y su esposa, la maestra Lidia Lastra –que lo acompañó en esa misión internacionalista desde agosto de 1978–, era una madre  para todos los niños de Cassinga.
Orestes Valdivia no sabe exactamente cómo ni por qué, ni cuándo los muchachos comenzaron a llamarlo «El Primo», como lo conocen todos los estudiantes namibios que vinieron a Cuba entre 1978 y 1980, año en que Orestes Valdivia, un antiguo carrero de cerveza y refrescos en Santa Clara, concluyó su misión internacionalista.
Fueron él, junto a un grupo de albañiles angolanos y cubanos, médicos, enfermeras y funcionarios de la Embajada, quienes acondicionaron, en jornadas de trabajo voluntario, aquella primera escuela de Chibía, y construyeron albergues, refugios, cocina y todos los servicios y locales necesarios para que vivieran y estudiaran más de 200 niños y adolescentes que sobrevivieron a la masacre.
EN LA ISLA
Tanto en Chibía como en Ndalatando, igual que lo era en ese momento en la Isla de la Juventud, los estudiantes namibios y los demás becados extranjeros mantenían la autoridad política de sus países y partidos. Martín era el maestro instructor de lo namibios en aquella oportunidad y profesor de historia, en la Isla.
Además de su presencia permanente en la escuela del sur de Angola, los niños recibían frecuentemente la visita de destacados dirigentes de la Swapo (por las siglas en inglés de Organización, de los Pueblos de África Sudoccidental), entre ellas la de San Nujoma, presidente de la organización, y la de Peter Manyemba, secretario de Defensa.
Esta costumbre no se perdería nunca. De una larga conversación con Miriam interpreto una dramática realidad: ellos eran tan hijos de la Swapo como de los padres, aunque no sabían en aquel momento si estos estaban vivos o confinados por el régimen del Apartheid en algún bantustán (lugares donde los racistas reunían a la población no blanca de Sudáfrica).
Sobre la adopción temporal de Cuba, Ángel Dalmau, directamente vinculado a los jóvenes por su trabajo en la Misión Civil Cubana de Angola desde aquel comienzo de acogida de los niños en la escuela de Chibía, piensa que en esta experiencia se ha fundido la más bella y concreta relación de solidaridad humana entre el pueblo cubano y el namibio, a partir de un tercer país: Angola y con la vigilancia directa, aunque a distancia, de Fidel.
Los maestros cubanos que contribuyeron a fundir esta nueva familia en las escuelas de allá y en las de la Isla, serán siempre el principio de esta interminable historia de amor al prójimo.